domingo, 5 de junio de 2022

DON DE LA SABIDURIA

 CIUDAD DEL VATICANO, 29 enero 2003 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Juan Pablo II en la audiencia de este miércoles dedicada a meditar sobre la oración del fiel que pide a Dios el don de la Sabiduría (9, 1-6.9-11).

Dios de los padres, y Señor de la misericordia,
que con tu palabra hiciste todas las cosas,
y en tu sabiduría formaste al hombre,
para que dominase sobre tus criaturas,
y para regir el mundo con santidad y justicia,

y para administrar justicia con rectitud de corazón.

1. El Cántico que acabamos de leer nos presenta gran parte de una amplia oración puesta en labios de Salomón, que en la tradición bíblica es considerado el rey justo y el sabio por excelencia. Nos la ofrece el capítulo noveno del Libro de la Sabiduría, un escrito del Antiguo Testamento compuesto en griego posiblemente en Alejandría de Egipto, en los umbrales de la era cristiana. Se puede percibir la expresión del judaísmo vivaz y abierto de la Diáspora hebrea en el mundo helénico.

Este libro nos propone fundamentalmente tres recorridos de pensamiento teológico: la inmortalidad bienaventurada como punto de llegada final de la existencia del justo (Cf. capítulos 1-5); la sabiduría como don divino y guía de la vida y de las opciones del fiel (Cf. capítulos 6-9); la historia de la salvación, en particular del acontecimiento fundamental del éxodo, que comienza con la opresión egipcia, signo de esa lucha entre el bien y el mal, y termina con una salvación plena y con la redención (Cf. capítulos 10-19).

2. Salomón vivió diez siglos antes del autor inspirado del Libro de la Sabiduría, sin embargo ha sido considerado como el iniciador y artífice de toda una reflexión sapiencial posterior. La oración en forma de himno, puesta en sus labios, es una invocación solemne dirigida al «Dios de los padres y Señor de la misericordia» (9,1) para que conceda el don preciosísimo de la sabiduría.

Es evidente en nuestro texto la alusión a la escena narrada en el Primer Libro de los Reyes, cuando Salomón, en los inicios de su reino, se dirigió a los altos de Gabaón, donde se levantaba un santuario, y después de haber celebrado un grandioso sacrificio, en la noche tiene un sueño-revelación. Por petición misma de Dios, que le invita a pedirle un don, él responde: «Concede, pues, a tu siervo, un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal» (1 Reyes 3, 9).

3. La inspiración ofrecida por esta invocación de Salomón se desarrolla en nuestro Cántico en una serie de llamamientos dirigidos al Señor para que conceda el tesoro insustituible de su sabiduría.

En el pasaje presentado por la Liturgia de los Laudes encontramos estas dos imploraciones: « Dame la sabiduría… Mándala de tus santos cielos, y de tu trono de gloria» (Sabiduría 9, 4.10). Sin este don, uno se da cuenta de que se queda sin guía, como privado de una estrella polar que orienta las opciones morales de la existencia: «siervo tuyo soy…, hombre débil y de pocos años, demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes…, sin la sabiduría, que procede de ti, será estimado en nada» (versículos 5-6).

Es fácil intuir que esta «sabiduría» no es la simple inteligencia o la habilidad práctica, sino más bien la participación en la mente misma de Dios que «con tu sabiduría formaste al hombre» (Cf. v. 2). Es, por tanto, la capacidad de penetrar en el sentido profundo del ser, de la vida y de la historia, yendo más allá de la superficie de las cosas y de los acontecimientos para descubrir el significado último, querido por el Señor.

4. La sabiduría es como una lámpara que ilumina nuestras opciones morales de todos los días y nos conduce por el camino recto «que sabe lo que es grato a tus ojos y lo que es recto según tus preceptos» (Cf. v. 9). Por este motivo la Liturgia nos hace rezar con las palabras del Libro de la Sabiduría al inicio de una jornada, para que Dios con su sabiduría esté junto a mí y «para que me asista en mis trabajos» diarios (Cf. v. 10), revelándonos el bien y el mal, lo justo y lo injusto.

De la mano de la Sabiduría divina nos adentramos confiados en el mundo. A ella nos agarramos, amándola con un amor conyugal como Salomón, que como dice el Libro de la Sabiduría confesaba: «Yo la amé [la sabiduría] y la pretendí desde mi juventud; me esforcé por hacerla esposa mía y llegué a ser un apasionado de su belleza» (8, 2).

5. Los Padres de la Iglesia han identificado en Cristo la Sabiduría de Dios, siguiendo a san Pablo, que definía a Cristo «potencia de Dios y sabiduría de Dios» (1Cor 1, 24).

Concluyamos con una oración de san Ambrosio, que se dirige a Cristo con estas palabras: «¡Enséñame las palabras ricas de sabiduría, pues tú eres la Sabiduría! Abre mi corazón, tú, que has abierto el libro. ¡Tú abres esa puerta que está en el cielo, pues tú eres la Puerta! Quien se introduzca a través tuyo, poseerá el Reino eterno; quien entre a través tuyo, no se engañará, pues no puede equivocarse quien ha entrado en la morada de la Verdad» («Comentario al Salmo 118/1» –«Commento al Salmo 118/1»– Saemo 9, p. 377).

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en castellano con estas palabras:]

Queridos hermanos y hermanas:
El Cántico que acabamos de escuchar es una invocación hecha a Dios para pedir el don de la sabiduría. Sin ella estamos privados de orientación en las elecciones morales de la existencia. No es una simple inteligencia o habilidad práctica, sino la capacidad de penetrar en el sentido profundo del ser, de la vida y de la historia, para descubrir el significado último, querido por el Señor. Es como una lámpara que ilumina nuestras opciones y nos conduce por el camino recto.

Por esto la Liturgia nos invita a rezar con estas palabras al inicio de esta jornada, para que Dios con su sabiduría nos «asista en nuestros trabajos» cotidianos, y nos revele el bien y el mal, lo justo y lo injusto.

Doy mi cordial bienvenida a todos los peregrinos de España y de América Latina, de modo particular a los miembros de la Escuela italiana de Santiago de Chile. ¡Qué Cristo, Sabiduría de Dios, nos enseñe las palabras de sabiduría y nos abra, así, la puerta para entrar en el Reino de la Verdad!

domingo, 22 de mayo de 2022

El brazo de Dios en nuestra vida.

 

Isaías 33:2  Reina-Valera 1960

2 Oh Jehová! Ten misericordia de nosotros, a ti hemos esperado; tú, brazo de ellos en la mañana, sé también nuestra salvación en tiempo de la tribulación.

Ramón Cue Romano jesuita mejicano de origen español, tiene una historia interesante sobre su Cristo Roto. Un Cristo sin cruz, al que le falta el brazo izquierdo, le falta media pierna y aunque conservaba la cabeza había perdido la cara. Un objeto maravilloso que encontró dentro de un pulguero en Sevilla. Alrededor de este objeto – despojo mutilado en sus palabras – el Padre Cue elaboró un escrito en el que nos presenta sus reflexiones sobre la observación en oración de su amado Cristo.

En un principio se pregunta sobre la persona que le dañó y le mutiló. Pero Cristo le recuerda que esa persona que dañó el Cristo apenas es una de entre los miles que ofenden, hieren, explotan y mutilan a sus hermanos. Ante el pensamiento de que debe llevar el Cristo a un restaurador, el padre Cue reflexiona en que arreglarlo y tener un cristo hermoso es sólo una manera de eludir el dolor. Y que un Cristo bello puede ser el peligroso refugio donde esconderse de ser consciente por el dolor ajeno, tranquilizando al mismo tiempo la conciencia en un falso cristianismo.

Pensó también que esa mano que le falta al Cristo es esa mano que se cuela en el lecho de muerte, en la oficina, en la fábrica, en el cine. Pero a esa mano izquierda le dio el valor de ser la mano que intercede por nosotros para salvarnos del sufrimiento y el dolor eterno del infierno. Para conquistarnos dispone Dios de dos manos: La derecha y la izquierda. Ellas representan dos técnicas: La mano derecha es clara, abierta, transparente, luminosa. La mano izquierda busca atajos, da rodeos, es cálculo, diplomacia, no tiene prisa, actúa a distancia y finge la voz. No es traidora ni maquiavélica, porque la mueve el amor.

Accidentes, muertes repentinas, muertes trágicas, enfermedades terminales, fracaso económico, soledad y pérdida. Ante estos momentos de crisis que aparecen en nuestra vida: primero nos rebelamos y desesperamos, intuimos a Dios como responsable de ese dolor, protestamos por qué a nosotros, por qué en ese momento, por qué tanto dolor. Y nos quedamos solos en esa tristeza sino aparece la oración en nuestra reacción. La mano izquierda de Dios es terrible, es violenta pero es necesario que aparezca en nuestras vidas porque esas situaciones de dolor son las que nos pesan, nos miden como a Tekel en el escrito de Daniel 5:27 y nuestra reacción a ese momento de dolor debe ser el valor de nuestro espíritu. La oración, la fe en Dios y su bondad, la esperanza y la caridad convertidas en oración, resiliencia y decisiones harán que superemos el momento de dolor y surja en nuestra vida de nuevo: La mano derecha de Dios con su luz, su transparencia, su felicidad y tranquilidad para nuestras almas.

Oremos entonces para que nuestro espíritu siempre pueda ver en el dolor y la tristeza la oportunidad de sonreír con esperanza, de avanzar con fe hacia el futuro, de confiar en Dios y su infinita misericordia. La tristeza y el dolor nos muestran los amigos verdaderos de nuestra vida, la familia que hemos construido con nuestros hermanos, hijos y demás, la casa de fortaleza y sabiduría que hemos construido sobre cimientos de piedras y cemento que soportan las adversidades de la vida.

Sea la oración entonces el brazo de la mañana de Dios. Ese que nos impulsa a salir de la oscuridad, de la noche triste, de la sombra de la tristeza y la depresión y que nos hace andar en caminos de soledad y sombras pero caminando con seguridad, con fé en Dios, con esperanza conocedores que unos pasos más allá en el sendero hallaremos de nuevo el sol radiante de la mañana, la luz de la alegría y del bienestar que nos garantiza Dios con su promesa: Que Dios es amor y que orar es expresar nuestro amor por él. 1 Juan 4:8. “Velad y orad para que no entréis en tentación” ( Mateo 26:41). Entendiendo que la oración es nuestro escudo, refugio de amor y protección ante la adversidad. Y la oración en la soledad de nuestro corazón es valiosa pero recordemos siempre que la oración nos congrega y que  reunirnos con dos o más para fortalecer el valor de la oración nos hace sentir el poder de la mano de Dios con más fuerza: “Mateo 18: 20 Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”  

Entonces la mano de Dios se manifieste en tu vida haciendo tu experiencia en el Mundo como un camino de prosperidad, amor y esperanza. Asumiendo los días de tristeza y dolor como días de lluvia que se requieren para valorar los días de sol.

miércoles, 6 de abril de 2022

Cumbiambera Gladys Santander Siado

 Cumbiambera:

Zarandeas con tu falda la tristeza

Alejando de tu vida los dolores,

Y maquillas tu rostro con colores

Atrayendo del universo la belleza.

Flores que adornan tu cabeza

Coronan tu estilo de elegancia,

Con tus ojos que hablan a tu pareja

Le trasmites de tu alma, tu gracia.

Con las velas iluminas el camino

Llenos de tambores y de millo

Y, a tu pareja entre si y no

Enamoras con sonrisas y sigilo.

domingo, 13 de febrero de 2022

Cuando soy débil soy testigo de tu fortaleza en mi

 Nadie quiere ser débil. Todos queremos ser fuertes, tener poderes como los superhéroes. Pero una y otra vez en la palabra Jesús nos invita a observar la bienaventuranza del más pequeño, la fortaleza del pecador, la oportunidad en la soledad y el silencio. 

La palabra tanto en el nuevo como el viejo testamento, como en los libros de los profetas y santos que han habitado nuestra Tierra desde aquellos días hasta hoy, son una invitación a conocernos. No sólo en nuestra apariencia física sino ahondar en nuestro corazón, en nuestra alma. Descubrir nuestras debilidades tanto como nuestras fortalezas. En nuestra debilidad, en nuestro momento más oscuro, en el momento de mayor temor es cuando aflora en nuestro espíritu el Espíritu del Señor. Es la fuerza y la inteligencia que nos ayuda a salir de la caverna hacia un lugar más cerca al sol, nos guía para salir de la depresión y la tristeza rumbo a la alegría y el bienestar, nos lleva de la desolación a la consolación como nos dice San Ignacio. 

Sea entonces este día la oportunidad de reflexionar en nuestra debilidad. Y de recordar como Pablo en la 1 de corintios nos dice que Dios se aprovecha del necio para avergonzar al poderoso. Muchas veces el más pequeño con sus acciones mínimas hace que nos demos cuenta de los errores del más poderoso. 

 Así que cuando tengamos un cargo de enorme responsabilidad, con un alto nivel de influencia recordemos estar atentos a los más pequeños, a los que en la cadena de poder consideremos más sencillos y simples porque de ellos aprenderemos a ver nuestras debilidades y cómo hacernos todavía más grandes y mantener nuestra fortaleza. 


domingo, 9 de enero de 2022

El maestro va a la escuela

 El maestro va a la escuela

a aprender y emprender
aprender cómo es la vida
de cada niño y su familia.

Porque cada mirada suspira
sueños, anhelos y fantasías
de padres que vieron un día
su semilla en vida convertida.

Y con ellos, el docente respira
absorbe y orienta al tiempo
errores lógicos y aciertos,
analiza e investiga.

¿Qué el niño va a aprender?
Suele ser lo pensado
pero, más allá de lo soñado
el maestro es quien más crece.

Un profesor es eterno aprendiz
que se quedó en la escuela
porque es el lugar feliz
donde su alma vuela.

martes, 28 de diciembre de 2021

Remembranzas del Niño Dios

 En el chat de mi familia compartimos un video. La pregunta es Qué regalo de Reyes (son españoles) o de Niño Dios querías y nunca recibiste. Mi hermana Raquel dijo que no recordaba uno en particular. Yo tampoco sé si quería algo en particular. Amé cada niño Dios: Los míos y los de Manuel Alfonso porque mis primeros patines fueron los de Alfonso, la primera bici que manejé no estoy segura pero creo que era de él o de Alex Rueda.

Pero amo mi Pepito bandolero que todavía lo conservo. A Liliana, (una morena de ojos azules y cabello rojio)   mi primera muñeca y también amé las otras aunque la Nena las heredó y desaparecieron: Patty, Jane que era una muñeca que mecía a su bebé Jenny, una colección de muñecas  con el vestido típico de cada país de Europa que me trajo José Romero, el primer oso de peluche que tuve y que Alfonso me botó porque no quería lavarlo, y todavía conservo el que me compró a cambio. 

Es una lástima que jamás le tomé una foto a mi pared llena de afiches con los artistas que me gustaban, las cunas de plástico, el muñequero rosado, el juego de ollas con el que hacíamos el arroz en los sancochos donde Elvia Rueda, los primero patines míos los trajo Julio rueda de USA y Cecilia los pagó, y ropa: un vestido nuevo en cada Navidad. Unas licras de colores a lo Olivia Newton John que nos trajo Julio a las tres mosqueteras (Martha Rojas Luz Gómez y yo) Mis revistas del grupo Menudo y de los Chicos que Cecilia me regalaba.

Ah... Gracias Niño Dios... Ni siquiera recuerdo si en algún año me faltó... porque las Navidades que estuvo... fui feliz