Mi mamá sigue presente aunque no esté físicamente.
Y tengo un baúl lleno de las manías que no se quiso llevar:
los regaños, los cuidados, los pellizcos, los besos,
los chancletazos, los regalos, las lágrimas,
los vestidos que me hacía ella misma,
las horas en silencio viendo novelas en televisión,
las ironías, los chistes, los consejos sentada a la orilla de mi cama,
los pechiches, las sopas de guandú, las tajaditas de plátano maduro,
las jarras de agua de panela, los guineos y tomates robados,
el café con leche a toda hora, el té de las 5 de la tarde,
el arroz blanco -huevo frito y guineo, la torta de plátano con huevo,
la música de Julio Iglesias y Armando Manzanero,
buscar el significado de las palabras, tratar bien a la gente humilde,
hacer que me resbale los insultos de los demás, controlar mi mal genio,
bailar, bailar, cantar aunque no cante, andar descalza,
tomar una o dos cervezas para celebrar,
quitarme todo lo que me hace daño para poder comer lo que me gusta...
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